La familia, ámbito primordial de realización humana.
Tomás Melendo Granados en http://www.arbil.org/89mele.htm
Si desde antiguo se viene diciendo que la persona es lo más perfecto que existe en la naturaleza; si hoy es difícil hablar del ser humano sin subrayar (aunque a veces no se respete) su dignidad y su grandeza… ¿no resulta un poco extraño que los animales, normalmente considerados inferiores al hombre, no necesiten familia, mientras que al hombre le sea absolutamente imprescindible solo o principalmente en función de su precariedad, de su inferioridad respecto a ellos? El cambio radical que pretendo introducir, es que la persona —también las superiores a las humanas, supuesto que las haya— requiere de la familia justamente en virtud de su eminencia, de su valía, de lo que en términos metafísicos llamaría excedencia en el ser.
La familia, ámbito primordial de realización humana.
Durante bastante tiempo, aunque no de manera exclusiva, la necesidad de la familia se ha explicado poniendo el énfasis en la múltiple y palmaria precariedad del hombre. Por ejemplo, en lo que atañe a la mera supervivencia: mientras los animales nacen con una dotación instintiva que les permite manejarse desde muy pronto por sí mismos —venía a decirse—, el niño, abandonado a sus propios recursos, perecería inevitablemente. O, atendiendo a razones de corte psicológico, se insistía en la necesidad ineludible de superar la soledad, de distribuir el trabajo o los ámbitos del saber entre varios para lograr una mayor eficacia, y razones por el estilo.
Todo esto es cierto, pero me parece que no alcanza el núcleo de la cuestión. Si desde antiguo se viene diciendo que la persona es lo más perfecto que existe en la naturaleza; si hoy es difícil hablar del ser humano sin subrayar (aunque a veces no se respete) su dignidad y su grandeza… ¿no resulta un poco extraño que los animales, normalmente considerados inferiores al hombre, no necesiten familia, mientras que al hombre le sea absolutamente imprescindible solo o principalmente en función de su precariedad, de su inferioridad respecto a ellos?
El cambio radical que pretendo introducir, es que la persona —también las superiores a las humanas, supuesto que las haya— requiere de la familia justamente en virtud de su eminencia, de su valía, de lo que en términos metafísicos llamaría excedencia en el ser.
Mi colega queridísimo, el Doctor Falgueras, hablaría tal vez del carácter «donal» de la persona, de que la persona es o está llamada al don, a la entrega. En la misma línea, la describí hace tiempo como principio y término de amor, explicando expresamente que el acto en que culmina el amor es justo ese: el de entregarse.
Los seres inferiores, cabría apuntar, a causa de su misma escasez de realidad, actúan de forma casi exclusiva para asegurarse la propia pervivencia y la de su especie. Porque tienen poco ser, diría, tienen que dirigir toda su actividad a conservarlo, a protegerlo: se cierran en sí mismos o en su especie en cuanto suya. A la persona, por el contrario, hablando de modo un tanto metafórico, justo por ser persona y por la nobleza que ello implica, «le sobra ser», y de ahí que su operación más propia, precisamente en cuanto persona —y aquí ya no hay ni resto de metáfora— sea justo la de darse, la de ser o convertirse en «don», por utilizar de nuevo la terminología del Profesor Falgueras; o, en mi propia jerga, la de amar. (Y de ahí, lo digo entre paréntesis, que solo cuando ama en serio, cuando se da sin tasa —«la medida del amor es amar sin medida»—, el ser humano puede alcanzar la felicidad).
El porqué de la familia.
Fíjense en que para que alguien pueda darse de verdad, completamente, es menester de otra realidad capaz y dispuesta a recibirlo o, mejor, a aceptarlo. Y eso, entre los seres humanos, sólo puede ser otro alguien, una persona.
Más de una vez, hablando del regalo, he explicado que, a pesar de la conciencia que solemos tener de nuestra pequeñez e incluso a veces de nuestra ruindad, es tanta la grandeza de nuestra condición de personas que nada resulta digno de sernos regalado… excepto otra persona. Cualquier otra realidad, incluso el trabajo o la obra de arte más excelsa, se demuestra bastante escasa, muy poca cosa, para acoger la magnitud sublime aparejada a la condición personal: ni puede ser «vehículo» de mi persona, ni está a la altura de aquella otra persona a la que pretendo entregarme. De ahí que, con total independencia de su valor material, el regalo sólo cumple su función en la medida en que yo me comprometo —estoy como «integrado»— en él. («¿Regalo, don, entrega? / Símbolo puro, signo / de que me quiero dar», escribió magistralmente Salinas).
Pero decía que, además de ser capaz, la otra persona tiene que estar dispuesta a acogerme y de manera incondicional: de lo contrario, mi entrega quedaría en una mera ilusión, en una finta, en una especie de aborto. Si nadie me acepta, por más que yo me empeñe, resulta imposible que me entregue.
Pues bien, el ámbito natural de la acogida sin reservas, por el mero hecho de ser personas, es justo la familia: la familia en que se nace o la que se crea. En cualquier otra situación, a la hora de aspirar a un empleo, pongo por caso, resulta legítimo y del todo justo que se tengan en cuenta determinadas cualidades o aptitudes, sin que al rechazarme por carecer de ellas se lesione en modo alguno mi dignidad (el igualitarismo, que hoy muchas veces intenta imponerse fraudulentamente con el pretexto de evitar la «discriminación», sería aquí lo radicalmente injusto). Por el contrario, en el caso de una familia cabal y genuina, para aceptarme se tiene en cuenta, sí, mi condición de persona, y además… mi condición de persona. Y nada más.
Por eso cabe afirmar, aunque suene un tanto insólito, que, en el sentido amplio y profundo de la expresión —y hablando en términos generales—, sin familia no puede haber persona o, al menos, persona cumplida, llevada a plenitud. Pero esto, me gustaría que quedara claro, no primaria ni principalmente a causa de carencia alguna, sino al contrario, en virtud de nuestra propia excedencia, que «nos obliga» a entregarnos… so pena de quedar frustrados.
Estimo que esta idea, esta suerte de inversión de perspectivas (que no niega la verdad del punto de vista complementario), tiene más repercusiones de lo que de entrada solemos suponer.
Por
ejemplo, en el ámbito doméstico, lleva consigo el que la familia no sea
una institución «inventada» para los débiles y desvalidos (niños,
enfermos, ancianos&hellip
; sino que, al contrario, como bien advirtió el
empresario al que vengo aludiendo, cuanto más perfección va alcanzando
un ser humano, más necesidad tiene de la familia, justamente para poder
crecer como persona, dándose y siendo aceptado: amando… con la guardia
baja, sin necesidad de «demostrar» nada para ser querido.
O hablando más en general, esta forma de encararse y comprender a la persona repercute en el modo de legislar, en la política, en el trabajo… Solo si se tiene en cuenta la grandeza impresionante del ser humano podrán establecerse las condiciones para que este se desarrolle adecuadamente y, como consecuencia, logre ser feliz.
Cuando la teoría se torna vida… y viceversa.
A menudo se oye, en tono un tanto agresivo, que el problema del hombre de hoy es el orgullo de querer ser como Dios. No niego que en algunos casos pueda haber algo de razón en ese planteamiento. Pero estimo que es más honda la afirmación opuesta: el gran handicap del hombre contemporáneo es que no tiene conciencia de su propia valía y se trata y trata a los otros de un modo absurdamente infrahumano.
El viejo Schelling, en cuyo conocimiento me inició el Profesor Falgueras, afirmaba sin dudar: «el hombre se torna más grande en la medida en que se conoce a sí mismo y a su propia fuerza». Y añadía: «Proveed al hombre de la conciencia de lo que efectivamente es y aprenderá inmediatamente a ser lo que debe; respetarlo teóricamente y el respeto práctico será una consecuencia inmediata». Para concluir: «el hombre debe ser bueno teóricamente para devenirlo también en la práctica».
¿Exageración de un joven escritor? Tal vez… si el conocer se toma en la acepción racionalista y aséptica, ajena a la vida vivida, a que nos acostumbraron los racionalismos hoy ya un tanto trasnochados. Pero no, en absoluto, si lo entendemos, sin ir más lejos, al modo de Kierkegaard, cuando sostiene que algo no llega a saberse (repito, simplemente a saberse) hasta que uno consigue hacerlo vida de la propia vida.
Ahora bien, el modelo que rige buena parte de las Constituciones de los sedicentes países desarrollados de nuestro entorno resulta —y lo digo sin ningún afán polémico y con el más exquisito de los respetos— una suerte de mini-hombre, de persona reducida, casi contrahecha.
Sé en el berenjenal en que me estoy metiendo. Pero como filósofo —amante apasionado del saber, aunque no sabio—, me importa bastante poco lo políticamente correcto o incorrecto; no tengo miedo alguno a la soledad cuando estoy convencido de ser cierto lo que afirmo, como tampoco a cambiar de postura, incluso radicalmente, en cuanto advirtiera que estaba en el error; y mi único interés, el que pienso que me legitima socialmente y justifica el sueldo que cobro, es el de hacer partícipes a los demás, en la medida en que pueda ayudarles, de lo que voy descubriendo en mis reflexiones: el célebre contemplata aliis tradere de los clásicos.
Por eso afirmo que con más frecuencia de la deseada, al hombre de hoy se le niegan justo las características que definen la grandeza de su humanidad. Por ejemplo, la capacidad de conocer, de manera imperfecta, sin duda, pero real.
Quizá no existe nada que traicione más radicalmente la fuente en que dice inspirarse y pretende encarnar que una considerable mayoría de las democracias actuales. Una democracia auténtica tiene como base, junto con el reconocimiento de la limitación del entendimiento humano, y mucho más fuerte que él, la convicción de que la realidad es cognoscible. Por eso se basa en el diálogo auténtico, genuino, de unos ciudadanos persuadidos de que con la suma de las aportaciones de muchos podrán llegar a descubrir lo que esa realidad efectivamente es y, por tanto, el comportamiento que reclama.
Buena porción de las democracias actuales, por el contrario, presentan como correlato ineludible el relativismo escéptico, la casi contradictoria convicción de que la verdad no puede conocerse y, como consecuencia, la apelación al simple número y, con él, —mientras no se corrija el planteamiento, que puede y debe corregirse— el más tiránico y depauperado de los totalitarismos.
Y podría poner muchos más ejemplos de lo que llamé modelo de mini-persona: apenas se concibe que el hombre actual pueda amar a fondo, con un compromiso de por vida, jugándose a cara o cruz, a una sola carta, como Marañón solía repetir, el porvenir del propio corazón (de ahí el avance de la admisión legal del divorcio, que impide casarse de por vida); o que sea capaz de dar sentido al dolor, no por masoquismo, sino porque el dolor es parte integrante de la vida del hombre, y, cuando se rechaza visceral y obsesivamente, junto con él se suprime la propia vida humana, cuyo núcleo más noble lo constituye la capacidad de amar… (en el estado actual, el sufrimiento es parte ineludible del amor: negado a ultranza el «derecho» a padecer, se invalida simultáneamente la posibilidad de amar de veras).
Conclusión.
No sigo porque el tiempo se echa encima. Quiero dejar claras, no obstante, tres de mis más arraigadas convicciones.
a) La primera, mi absoluta fe en el ser humano, en su capacidad de rectificar el rumbo y de superarse a sí mismo, cuando fuere necesario. Estimo que no confundo el diagnóstico con la terapia. Como la filosofía, el diagnóstico no es nunca optimista o pesimista, ni debería ser interesante o despreciable o lucrativo o desdeñable… sino solo verdadero o falso. Mucho mejor moverse dentro de estos términos. ¡Qué de daños traería consigo el «optimismo» de diagnosticar y tratar como simple cefalea un tumor cerebral maligno!
b) En segundo término, que, en efecto, y a pesar de lo que pudiera parecer, el hombre actual necesita de manera perentoria, advertir su propia excelsitud y actuar de acuerdo con ella.
c) Por fin, que el «lugar natural» para aprender a todo ello, el único verdaderamente imprescindible y me atrevería a decir que suficiente, es la familia. No solo el niño, sino el adolescente que aparenta negarlo, el joven ante el que se abre un abanico de posibilidades deslumbrante y polimorfo, que en ocasiones de le dejamos ni percibir, el adulto en plenitud de facultades, el anciano que aparenta declinar… se forjan y se rehacen, día tras día, en el seno del propio hogar. Y, así templados y reconstituidos —¡personalizados y re-personalizados!, si se me permite el barbarismo—, son capaces de darle la vuelta al mundo, de humanizarlo.
Por eso un Master en Ciencias para la Familia.
Mas información en conyugalia@hotmail.comTags: Familia, Realización personal, Autoestima, Terapia conyugal, Terapia matrimonial
“Aquí tiene el libro digital 10 principios sobre matrimonio y bien común editado por el Social Trend Institute (USA)”
comentario en www.temas.cl, viernes 8 de junio de 2007
Acaba
de publicarse como libro digital «Matrimonio y bien común», la
traducción española de «Marriage and the Public Good: Ten Principles»,
publicado en 2006 por el Witherspoon Institute.
Este volumen es el resultado de una serie de intercambios académicos apoyados por el Social Trends Insititute (STI) y el Witherspoon Institute, que se iniciaron en 2004 en una reunión en Princeton, New Jersey. Estructurado en 10 principios, este libro da una visión clara, detallada pero breve de por qué el matrimonio es un aspecto clave de nuestra sociedad. Constituye una rica fuente de información así como una herramienta útil para todos aquellos que estén trabajando para defender el matrimonio. El Social Trends Institute es una fundación sin ánimo de lucro, establecida en Estados Unidos y con delegación en Cataluña. Su labor es fomentar la investigación y difusión de conocimiento científico en cuatro grandes áreas: familia, cultura y estilos de vida, gobierno corporativo y biotecnología. Ambas versiones, en español e ingles (en pdf) pueden ser bajadas de la web del Social Trends Institute en el siguiente enlace:
http://www.stinewyork.org/subfam.php?subid=24&i2=5.
Tags: Matrimonio, Bien Común
Nuevas terapias, remedios ‘caseros’ y consejos profesionales
Resuelve tus conflictos conyugales
En http://mujer.terra.es/muj/articulo/html/mu212484.htm
Si os encontráis en un laberinto de conflictos del cual no sabéis salir, antes de rendiros y atajar por el camino de la separación, os mostramos una serie de terapias diferentes que os iluminarán para hallar la solución a esos problemas que no os dejan avanzar.
Según las estadísticas, los casados viven más y con mayor calidad de vida…, si no hay conflictos conyugales. Los problemas familiares potencian ciertas enfermedades mentales como la depresión o la violencia; debilitan el sistema inmunológico y cardiovascular; hasta, incluso, son causa de numerosos accidentes, tanto caseros como de tráfico. Además, afectan al comportamiento de los hijos.
Si aún existe el amor entre vosotros, y no queréis acabar con vuestra salud y la de toda vuestra familia, la solución pasa por buscar el método más adecuado para sacar a flote la relación, recuperando el esplendor de tiempos pasados.
Cuando no basta el amorNi sois los primeros ni los últimos que estáis atravesando una crisis. La convivencia provoca roces entre ambas partes. Pero cuando estos roces son continuos y generan falta de comunicación o posiciones distantes, es cuando se puede hablar de un problema de pareja.
Podemos estar tentados de disfrazar esta situación bajo la justificación habitual del estrés provocado por jornadas laborales interminables, el trabajo en casa o la presión del cuidado y educación de los hijos. Pero, a veces, simplemente es una cuestión no saber querer.
La capacidad de comunicarse para superar las dificultades diarias se convierte en el pilar de cualquier convivencia. Pero, ¿cómo conseguir un diálogo fluido cuando un muro de incomunicación os separa?
No existe una receta mágica para resolver los conflictos conyugales, pero sí distintos métodos que os pueden ayudar. Aquí te mostramos algunos de ellos.
Si los problemas no afectan a los pilares de la relación, podéis resolverlo dando estos pasos
Remedios 'de andar por casa'
Si después de tantos años de convivencia seguís sin entenderos; si antes las discusiones eran meros episodios pero ahora se están convirtiendo en una auténtica novela por entregas. Paraos un momento a analizar qué está pasando. Estos incidentes y diferencias, aunque últimamente sean algo habitual en vuestras vidas, no tienen por qué significar que vuestra relación esté haciendo aguas. Muchas parejas atraviesan periodos de conflicto sano que potencian la relación.
Si los problemas no afectan a los pilares de la convivencia, como el amor o el respeto, cualquier pareja tiene en su mano los suficientes recursos para poder resolverlos. Para ello hay que seguir los siguientes pasos:
1. Reconocer el problema. En general, los conflictos conyugales se desarrollan en cuatro áreas diferentes: el poder, la intimidad, la sexualidad y la comunicación. Identificar dónde se están produciendo vuestras desavenencias será la clave para poder llegar a un consenso.
2. Intención de resolver el problema. Para que esta terapia doméstica obtenga buen resultado, ambos tenéis que tener predisposición e interés por resolver lo que os está perturbando la convivencia.
3. Aprender a negociar.
La principal herramienta para la resolución de conflictos es la
comunicación. Si en principio ésta es poco fluida, podéis anotar en un
papel lo que os molesta, argumentando vuestros razonamientos. Tomaos un
tiempo para analizar el punto de vista del otro. Ahora sólo queda
realizar el esfuerzo del acercamiento. Recordad que todos somos
distintos y que los conflictos se producen por ideas incompatibles
sobre un mismo tema. La clave está en el consenso y la negociación.
Lo que se debe evitar: menospreciar el trabajo del cónyuge, descalificar las opiniones contrarias, sacar a colación discrepancias o malas actuaciones del pasado, criticar o burlarse de los sentimientos de la pareja.
Literatura de apoyo
¿Como
puedo entenderte? Claves para recuperar la comunicación en la pareja.
Terrence Real, prólogo de Antonio Bolinches. Ediciones Urano
Prevención
de los conflictos de pareja. Aproximación profunda y accesible a las
dinámicas y conflictos de la relación en pareja. José Díaz Morfa.
Editorial Desclee De Brouwer.
¿Hacemos las paces? Una forma eficaz de resolver conflictos. Laura García. Ediciones Temas de Hoy.
Con
el amor no basta. Cómo superar malentendidos, resolver conflictos y
enfrentarse a los problemas de la pareja. Aaron T. Beck. Editorial
Paidos
La figura del mediador
Si
no podéis llegar a un acuerdo por vuestros propios medios, lo mejor es
que solicitéis la ayuda de un experto. Es la última oportunidad que
tenéis para poder salvar la relación.
Quizá
os pueda asustar la idea de que alguien ajeno pueda inmiscuirse en
vuestros problemas, pero él simplemente os orientará sobre la forma de
modificar vuestra conducta negativa mediante técnicas de suplantación
de percepciones y mejora en la comunicación. Para que os resulte algo
menos violento, lo podéis considerar, simplemente, como árbitro
imparcial entre dos partes enfrentadas.
El
mediador os diseñará un proceso a medida de reeducación, indagando
entre las distintas opciones, para seleccionar aquellas que os ayuden a
facilitar el diálogo, evitando generar malos entendidos.
El
resultado dependerá del momento en que os encontréis y la
predisposición a solucionarlo. Si el conflicto es alto pero existe un
deseo por ambas partes de solucionarlo, el mediador os enseñará el
camino para hacerlo. Pero si la relación ha degenerado en exceso, será
muy difícil que el experto consiga llegar a un consenso apto sobre el
que cimentar el futuro de la pareja.
Perfil de un buen mediador
Médico
especialista en Terapia Conyugal, Psicólogo, Experto en relaciones
interpersonales, habilidades de comunicación, manejo del conflicto,
técnicas de negociación y solución de problemas. Pero también,
originalidad, actitud conciliadora, autocontrol, sentido del humor y
espontaneidad. Y no estaría de más que tuviera ciertos conocimientos
sobre derechos de pareja.
Los resultados en número. Alrededor del 85% de las parejas que acuden a terapia, informan de una mejora en la satisfacción matrimonial.
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14 CLAVES PARA UN MATRIMONIO DURADERO |
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Fuente: www.puntomujer.emol.com En momentos en que sólo se habla de separaciones,Florence Kaslow sostiene algo que hoy podría considerarse casi un antitema: matrimonios de larga duración y, más encima, satisfechos. Una materia que esta psicóloga estadounidense domina no sólo en lo profesional, sino también en lo personal: lleva 50 años de feliz matrimonio. La doctora Kaslow es fundadora de la International Family Therapy Association, presidenta actual de la International Academy of Family Psychology y del American Board of Family Psychology. En 1991, la American Association of Marriage and Family Therapy la premió por su contribución en la terapia familiar. La investigación sobre las claves de los matrimonios duraderos, que comenzó en Estados Unidos, fue un fruto que maduró después de asistir a múltiples convenciones internacionales de expertos en terapia de pareja y familia, pertenecientes a distintas universidades. Su trabajo fue tan novedoso, que inspiró a especialistas de Alemania, Israel, Suecia, Holanda, Sudáfrica y Chile a realizar otros similares, todos durante los últimos cinco años. "Quienes trabajamos en esto nos dimos cuenta de que nuestro esfuerzo había girado durante largo tiempo en torno a situaciones conflictivas y disfuncionales en las relaciones conyugales y familiares y que era hora de centrarnos en los aspectos saludables. Es decir, en descubrir cuáles eran los factores que influían en la satisfacción matrimonial y su mantenimiento a través de los años, tanto en las etapas de tranquilidad como en las de conflicto". De los resultados observables en estos estudios que incluyeron a cerca de mil parejas, llama la atención lo parecidas que son las respuestas, a pesar de las diferentes culturas y religiones. Por eso, considera la psicóloga, "es tan importante transmitirlos, especialmente a los jóvenes, para que aprendan que la convivencia matrimonial requiere de esfuerzo, sacrificio y contratos claros que les permitan tener una vida de satisfacción y con herramientas para enfrentar las crisis sin temor, saliendo de ellas fortalecidos". Factores que unen Los estudios con matrimonios de larga duración, formados hace 25 o más años, se llevaron a cabo en los siete países, sobre la base de entrevistas. A los encuestados se les mostró una lista de más de cuarenta razones para permanecer unidos y se les pidió que escogieran las más importantes. 1.- La institución es un contrato para toda la vida: es la concepción que sobre el matrimonio tienen las casi mil parejas estudiadas. 2.- Responsabilidad por la pareja y los hijos en común, sean biológicos o adoptados. Sienten que forman parte del proyecto común y deben cuidarlos, educarlos y quererlos toda la vida. 3.- Profesar el mismo credo o tener concepciones similares del mundo. Contar con una fuerza protectora y orientadora que consolide el matrimonio significa un gran terreno ganado. 4.- Llevarse bien con la familia de origen del cónyuge.Esto, sin embargo, teniendo muy en claro que se trata de dos grupos familiares distintos y que no se puede postergar al marido o a la esposa por los padres o los suegros. 5.- Llevarse bien con los amigos de la pareja y su círculo social fortalece y enriquece la convivencia marital. 6.- Capacidad para resolver las crisis que se dan en la vida conyugal, provocadas por los cambios que se van produciendo en lo personal, en la pareja y en lo familiar es otro de los desafíos que aprenden a vencer los matrimonios de larga duración. Eso implica diálogos profundos y periódicos, revisión de las grandes directrices de la unión, capacidad para comprender al otro, muchas veces tener que ceder o transar. "Lo que estas parejas saben es que de las crisis bien resueltas salen fortalecidas, beneficiando a la familia completa". La investigación tiene otra parte: los ingredientes que debe tener la vida conyugal para que sea satisfactoria. Entre los que señalaron las parejas en estudio, destacamos ocho. Es importante señalar que cinco de los siete países donde se hizo el estudio pusieron en primer lugar "la confianza mutua", y sólo Estados Unidos y Chile colocaron "amor" encabezando la lista. 7. La confianza, según Florence Kaslow, significa "tener fe en el otro, saber que siempre será honesto, leal, fiel, alguien con quien andar juntos por la vida". 8. Respeto: es el reconocimiento de la presencia del cónyuge como tal, aceptándolo como es: "Convivo contigo siendo tú distinto". 9. Amor y capacidad para expresarlo. Los matrimonios entrevistados reconocen que este sentimiento varía en los distintos períodos. Primero es ciego (amor-pasión), después viene uno más profundo, relacionado con el proyecto común (como tener hijos) y en el que deben jerarquizarse los afectos. Por ejemplo, es natural que la mamá les dedique más tiempo a los niños que al marido, cuando son pequeños, y él tiene que entenderlo, postergándose durante esa época. "Lo que se ve en estas parejas es que se dan siempre la oportunidad del reencuentro en el que reviven su pasión". 10. Comunicación entre los cónyuges, el abrirse al diálogo fructífero en torno a sus emociones, pensamientos, desafíos, planes y temas en conflicto, es un elemento fundamental según los entrevistados. 11. Una buena capacidad para resolver sus problemas es otra herramienta matrimonial, "sabiendo escuchar al compañero e incorporándolo en las soluciones". 12. Compartir la misma concepción del mundo, valores e intereses, se considera un punto importante para la buena relación. 13. La preocupación del uno por el otro, de sus necesidades, sentimientos y felicidad, constituye un elemento central para los felizmente casados. 14. Dejarse espacio y tiempo para estar y divertirse juntos. Las parejas encuestadas señalan que les sirve para compensar las responsabilidades familiares, muchas veces estresantes y pesadas. Ponerle una gota de humor a la relación, aunque parece un ingrediente liviano, le da sazón al matrimonio. Estos catorce factores, que permiten lograr una convivencia armónica y mantenida en el tiempo, no forman parte de una receta ni tampoco son teoría. Es la experiencia que aprendieron, espontáneamente o a costa de tropezones, caídas y recaídas, casi mil parejas de la vida real. A muchos les puede servir. Mas información en conyugalia@hotmail.com |
Tags: Terapia Conyugal, Comunicación, Crisis matrimonial, Consejos para parejas
Autor: Gloria Elena Franco.
Publicado en http://es.catholic.net/familiayvida
La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación
La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación.
Esta ruptura se manifiesta de forma abierta cuando el trato y el diálogo dejan de existir. O puede aparecer de forma velada cuando se continúa la relación a base de monosílabos.
En todo caso lo que se pretende es que estos momentos de desacuerdo conyugal (normales por otra parte en la convivencia matrimonial) sean transitorios y leves, gracias a la buena voluntad de los cónyuges.
1.- Tiempo de oro
Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad.
2.- Salidas frecuentes
Sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No te limites a "sacar" a tu mujer de casa, preocúpate de "salir con ella" a algo que le agrade.
3.- Oír y escuchar
Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a los ojos. Él o ella se enterará de que te escucha.
4.-Como novios
Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo personal.
5.-Buenos recuerdos
Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.
6.- Sueños de enamorados
Sueña como los enamorados pero ten los pies en tierra como los esposos.
7.- De cara al futuro
Haz planes de futuro que te ayuden a mejorar el presente.
8.-"No hay otro como tú"
Hazte sentir al otro como necesario en la relación conyugal. Busca su compañía.
9.-La importancia de las celebraciones
Recuerda las fechas importantes. Si las celebráis juntos, ¡mejor!
10.- "¡Ayúdame!"
Pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas: puede ayudarte mucho y además servirá para uniros.
11.-Siempre alabanzas
No le critiques ante las amistades, menos aún cuando no esté presente
12.-"Es una sorpresa"
Sorpréndela con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas flores, el vestido que le gusta.
13.-"Venía pensando en ti"
Búscale a él o a ella al llegar a casa. Le encantará saber que vienes pensando en él.
14.-Un beso al despedirse
No olvides despedirte antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable
15.- Con la verdad por delante
Sé siempre sincero pero no lo manifiestes de forma desagradable.
16.- "Quiero estar contigo"
Prefiere a tu cónyuge antes que a las amistades, demuéstraselo a menudo.
“Los costes sociales del descuido a la familia”
El matrimonio y la familia en Gran Bretaña han caído de forma dramática en los últimos tiempos y una de las causas es la política del gobierno. Esta es la tesis de Patricia Morgan, en un estudio de política titulado: «The War between the State and the Family: How Government Divides and Impoverishes» (La Guerra entre el Estados y la Familia: Cómo el Gobierno Divide y Empobrece). El estudio ha sido publicado por el Institute of Economic Affairs de Londres http://www.iea.org.uk/
El
número de matrimonios ha descendido de modo notable, mientras que la
edad en que las parejas se casan ha subido y la proporción de
nacimientos fuera del matrimonio ha aumentado en de un 8% en 1970 al
42%. Es verdad, admite Morgan, que cerca de una de cada cuatro mujeres
con un hijo nacido fuera del matrimonio se casará en los ocho años
siguientes. Pero un cuarto o más de los niños actualmente sólo tienen a
un progenitor, que llevan adelante y crían a su descendencia en una o
varias cohabitaciones.
Además,
las cohabitaciones en las que nacen niños es más probable que no acaben
en matrimonio, y en cambio sí que se disuelvan, si se compara con los
matrimonios y las cohabitaciones sin hijos.
Además,
Morgan sostiene que hay una tendencia en aumento en la proporción de
relaciones de cohabitación que se disuelven en vez de acabar en
matrimonio. Y, tras la ruptura, se tardan cerca de dos años en formar
otra relación, que suele ser otra cohabitación.
Este
declive del matrimonio es una tendencia preocupante, explica el
estudio, dado el importante papel social de la vida familiar. No sólo
porque el matrimonio lleva a cabo tareas sociales que no son fáciles de
reemplazar por otras instituciones, sino también por los importantes
lazos entre padres e hijos. Morgan apunta la importancia del matrimonio
para los hombres, en términos de conectarlos con la comunidad y animar
su responsabilidad personal.
Las
familias monoparentales y el divorcio tienen también graves efectos
negativos en los niños como se ha verificado por numerosos estudios,
precisa Morgan. Los problemas incluyen resultados educativos peores,
perspectivas laborales más bajas y peor salud.
A
los adultos les va mejor estando casados. «A la gente casada le va
mejor en términos de longevidad, salud mental y física, y sufre de
niveles más bajos de violencia y adicciones», sostiene el estudio.
Costes sociales
La ruptura de la vida familiar ha llevado a un gran aumento en el gasto social del gobierno. Los gastos relacionados con el apoyo a los hijos han subido de 10.000 millones de libras (19.600 millones de dólares) al año en 1975 hasta los 22.000 millones (43.200 millones de dólares) en el 2003 (en precios del 2003). No menos de dos tercios de este aumento se debe al fuerte incremento de las familias monoparentales, según Morgan.
El
problema con esto es que una suma desproporcionada ha ido a los hogares
monoparentales. Las familias con los dos progenitores se han visto, de
hecho, desalentadas económicamente por la combinación de pagos sociales
y el sistema de impuestos. Así, el gobierno promueve una situación que
favorece el aumento de las familias monoparentales, con los
consiguientes efectos sociales negativos.
«Los
activistas anti familia han intentado minar cualquier necesidad y apoyo
económico, social y legal al matrimonio al lograr que cualquier
privilegio concedido a las parejas casadas, incluyendo exenciones de
impuestos, retiros, y reconocimiento se extienda a diversos tipos de
hogares y relaciones», explica Morgan.
En
muchos casos, las parejas con dos hijos estarían mejor económicamente
si se separaran y la madre solicitara los beneficios sociales. Por
ejemplo, si un padre está trabajando a tiempo completo por el salario
mínimo, o con ingresos medios, a la pareja le irá peor viviendo juntos
que si se separaran – por una suma de 260 libras (510 dólares) a la semana. Sólo cuando los ingresos conjuntos alcanzan las 50.000 libras (98.125 dólares) al año no hay pérdidas por seguir siendo una pareja.
Así
una combinación de pagos en efectivo y un aumento notable en los
beneficios sociales fuera del estado matrimonial son suficientes para
hacer que se esfumen las razones económicas a la hora de formar un
hogar conyugal.
Aunque
el aumento de los hijos ilegítimos y la recesión en el matrimonio puede
que no se deban simplemente a la economía, sería imprudente no hacer
caso al factor económico que forma parte del ambiente en el que la
gente toma decisiones sobre sus relaciones y sobre sus hijos. De hecho,
muchas personas, admite Morgan, tendrán otras razones que podrían
eliminar los factores económicos a la hora de decidir si se caso. «Pero
sería absurdo no asumir que la gente cambia su comportamiento en
respuesta a los costes y ventajas de diversas decisiones», observa.
El
sistema de bienestar anima a las familias monoparentales especialmente
cuando el potencial de ingresos del padre es relativamente débil. Hace
esto de tres formas, explica Morgan. La primera, la balanza del sistema
de impuestos y beneficios discrimina a las parejas, especialmente a las
que tienen un solo progenitor que aporta ingresos. La segunda, puede
animar a las madres solteras a tener hijos para obtener beneficios
sociales y así mejorar su situación económica. La tercera, el sistema
de beneficios puede traer condiciones al mercado laboral que conduzcan
precisamente a que las parejas no tomen la decisión de casarse.
Impuestos en Irlanda
La política del gobierno con respecto a la familia en Irlanda también ha recibido críticas en un informe recién publicado por el Iona Institute de Dublín. En un estudio titulado «Tax Individualization: Time for a Critital Rethink» (La individualización de los impuestos: tiempo para un replanteamiento crítico), John Paul Byrne considera cómo los cambios en el sistema de impuestos hechos en 1999 han favorecido a las familias con ambos progenitores trabajando.
Por ejemplo, una pareja casada con hijos con sólo uno de los progenitores con ingresos puede pagar más de 6.240 libras
(8.322 dólares) en impuestos cada año que una pareja con los dos
trabajando e ingresos similares. La política adoptada está pensada par
un régimen donde los impuestos son individuales, por lo que se ignora
la interdependencia de los miembros de la familia.
Hay
disponible un crédito para las familias en las que uno de los padres
permanece en casa para cuidar a los hijos, pero poco hace por compensar
el castigo impositivo, y este crédito no ha tenido en cuenta la
inflación. «El actual sistema de impuestos impone un castigo impositivo
eficaz a las parejas casadas con sólo un miembro con ingresos»,
concluye el estudio.
Entre
otros motivos tras los cambios en el sistema de impuestos, Byrne
sostiene que el gobierno busca empujar a las mujeres a la fuerza
laboral para conseguir los objetivos fijados por la Unión Europea. «Si esto está en armonía con los deseos de las parejas», comenta, «es otra cuestión».
La familia en España
España es otro país donde ha recibido críticas la carencia de apoyo del gobierno a la familia. En enero el Instituto de Política Familiar publicaba un informe sobre la evolución de la familia en España.
El instituto citaba una serie de estadísticas que demostraban que España está a la cola en la lista de países de la Unión Europea
en términos de ayuda económica del gobierno a las familias. Frente a
una media del 2,1% del producto interior bruto dedicado a la familia en
la Unión Europea,
España dedica sólo el 0,5%. Italia es otro país con el gasto menor, que
alcanza el 1% el PIB. Quizá no sea una coincidencia que tanto en Italia
como en España las familias tengan muy pocos hijos.
Por
ejemplo, una familia con dos hijos recibe 308 euros (411 dólares) al
mes en ayudas económicas en Alemania, pero sólo 49 euros (65 dólares)
en España. El informe también acusaba al gobierno español de políticas
impositivas discriminatorias que penalizan a las familias con hijos.
Benedicto
XVI expresaba recientemente su preocupación por el estado de la familia
en Europa. Así se lo expresó en su discurso del 24 de marzo a los
participantes en un congreso organizado con ocasión del 50 aniversario
de la firma de los tratados de Roma.
Desde
el punto de vista demográfico, comentaba el Papa, Europa parece haber
emprendido un camino que la podría llevar a despedirse de la historia. Es
cierto que las políticas de los gobiernos son sólo un factor entre
otros que influye en la vida familiar en Europa, pero en algunos países
hay pocas ayudas para lo que es uno de los pilares de la sociedad.
Mas información: conyugalia@hotmail.com
Tags: Matrimonio, Familia, Crisis matrimonial, Terapia conyugal
LAS 7 TERMITAS DEL MATRIMONIO
En http://www.hacerfamilia.net [Revista No. 74]
Esto es casi como un test. Para leerlo rápidamente, pensar e intentar obtener un resultado práctico. Y aunque es imposible consignar aquí esos miles de detalles perniciosos -verdaderas termitas por el silencio en que operan- que viven cotidianamente junto con el amor conyugal, la intención es dar ideas que sirvan para revisar como andamos por casa.
1 punto: El desorden
No
hay peor que llegar a la casa y encontrarnos con el caos del universo
reunido entre cuatro paredes. Y hay que tener claro que un hogar
relajado no implica desorden. Cada cual tiene su estilo de vida, el que
más le convenga, pero para que todo funcione y marido y mujer puedan
vivir y relacionarse en paz es fundamental que existan una serie de
normas básicas: los horarios, el orden de los juguetes, mochilas, ropa,
espacios comunes y privados... El siquiatra español, Aquilino Polaino,
decía que las mujeres eran unas “recojonas” porque siempre estaban
recogiendo algo del suelo. ¡A mucha honra! Porque aunque parezca un
trabajo menor, el orden acarrea paz y el desorden guerra. La
convivencia matrimonial se deteriora si el marido llega a la casa y
cree que acaba de aterrizar en el campamento de Atila, rey de los
Hunos, y el índice de irritabilidad de la mujer escalará a niveles
peligrosos si todo está patas arriba. ¿Qué más se necesita para una
buena pelea conyugal?
2 puntos: La ley del hielo
Cualquier
pareja contemporánea está aburrida de oír, leer y ver programas de TV
en los que se repite la importancia de la comunicación en el
matrimonio. Ya se sabe, pero, a veces, el concepto queda grande ¿tengo
yo comunicación en mi matrimonio? Cualquiera sabe. Pero sí puedo
detectar si estoy permitiendo que las discusiones con mi marido/mujer
se traduzcan en días de silencio, en un amurramiento continuo que lo
único que hace es agrandar la tontera por la que se peleó. Hay que
conversar, dejar pasar un tiempo para enfriarse y volver a conversar
hasta zanjar el tema. Porque por el contrario, ese silencio lleno de
orgullo, sólo ahonda las diferencias y no ayuda a solucionar nada. Hay
que hablar hasta recuperar el buen tono, airear la casa y dejar atrás
lo que sea. Rumiar y tragar no es propio de seres con inteligencia.
3 puntos: Las ironías
Las
ironías entre marido y mujer nunca son graciosos ni taquilleros. Se
pretenda o no, se hiere al otro, se le humilla (especialmente si es en
público) e indican que el respeto entre ambos se está resquebrajando.
Son palabras concebidas para descalificar y lo consiguen, aunque se
digan en broma. Por eso hay que parar a la primera: jamás permitirse
una palabra grosera con el otro y si en el calor de una discusión, algo
se escapó, recapacitar y pedir perdón.
Un pariente cercano de las ironías es reírse del otro en público, ridiculizarlo o directamente, criticar. Fatal, porque por mucho sentido del humor que tenga, seguro que le hace mella y va juntando un cierto sarro en el corazón que aflorará al primer desacuerdo. El pelambre, de frentón es falta de lealtad: ya se sabe que los trapos sucios se lavan en casa. Y el refrán es en serio.
4 puntos: La rutina
Se
sabe que va a llegar, porque la vida cotidiana es así: días parecidos
llenos de trabajo, hijos, responsabilidades, alegrías y penas. Pero hay
que saber que la rutina no es algo externo: procede del interior de
cada persona. La vida diaria puede ser vivida con aburrimiento o con
animación, con lata arrastrada o con un cierto contento. Depende de
cada uno y de los medios que se usen para sorprender al otro. Es bueno
sentarse a pensar ¿qué podría hacer yo para sacar de la rutina a
nuestro matrimonio? ¿qué detalle le hará la vida más agradable a mi
cónyuge, renovando sus fuerzas para seguir adelante? Obviamente no
existe receta: para unos será convidar a su mujer a tomar un café el
sábado por la tarde, para otros esperar al marido con una buena noticia
simpática que contar. Pequeñeces que alivianan el corazón y dan brillo
al cansancio del día.
5 puntos: Vidas paralelas
Los
días de un matrimonio con hijos están llenos, incluso rebalsados de
cosas que hay que hacer. Y entre tanta actividad se corre el riesgo de
que cada uno parta para su lado. Se suman las horas, los días... y pasa
el tiempo sin compartir momentos especiales, comentarios sabrosos,
penas, preocupaciones y buenas noticias. Esa “separación” emocional
puede llevar a la larga a que cada uno haga su vida y terminen siendo
una especie de socios con una empresa común: la familia. Cada día hay
que buscar momentos de encuentro sólo entre los dos, ratos para
compartir o acompañarse -incluso sólo descansar viendo las noticias- en
los que naturalmente surgirá la conversación en la que aparece todo lo
que está en la cabeza y el corazón ese día.
6 puntos: No aceptar ser hombre y mujer
Una
de las cosas más difíciles en el matrimonio es aceptar en la práctica
que el matrimonio está compuesto por dos, hombre y mujer, distintos,
pero complementarios. Y la parte distinta es grande. Consejos tan
fáciles como “póngase en el lugar del otro” cuesta sangre, porque “el
otro” tiene la cabeza y el corazón armado de distinta manera. Lo que
para la mujer es obvio, para el hombre puede ser francamente opinable y
viceversa. Y cuando se está de malas, el problema se acentúa. Un primer
paso conciliatorio es aceptar, de verdad, que el otro es “otro” que
siente y aprecia la realidad de distinta manera. A partir de ahí hay
que recurrir a la mano izquierda, al dejar pasar, a la comprensión...
Sabido, pero difícil de practicar, porque cada uno vive apegado a Su
visión, Su opinión, Su forma de ver las cosas... Y el único remedio
está en quererse en esos momentos y transigir.
7 puntos: Las expectativas
Hollywood
nos juega una mala pasada: nos inunda de películas que, salvo
excepciones como “Nuestro amor”, dan una idea distorsionada acerca de
lo que es el amor conyugal, las relaciones sexuales, la vida
familiar... Es tan irritante como que la mayoría de los niños que
aparecen en las series de TV son tan racionales que se van a la cama
con una simple explicación: es la hora. Cosa que la experiencia dice
que es absolutamente falso. Eso trasladado al amor conyugal, hace que
muchas veces se tengan falsas expectativas acerca de lo que es una
relación normal entre marido y mujer: en la pantalla no envejecen, no
engordan, el mal genio se soluciona con un ramo de doce rosas rojas, al
marido y a la mujer les palpita el corazón incluso después de haber
vivido 20 años juntos... Interminable. La vida real es mucho mejor que
eso, porque es de verdad y queda para siempre. Lo bonito está,
precisamente, en quererse en el cansancio, en la vejez, sin plata para
rosas rojas, sin tanta falsa emoción. En las buenas y en las malas. Eso
es amor de verdad, aunque Hollywood no se haya dado cuenta.